domingo

India 2014 /3. Agra, y si son las 16:30, esto es el Taj Mahal.

Atardecer...

Agra.

Agra, sede de la corte mogol durante los siglos XVI y XVII, antes de que la capital se trasladara a Delhi. Agra en un día, viajando en tren desde Delhi a las 6:00 de la mañana, de regreso pasada la medianoche...
En el hotelucho de Old Delhi un poco antes de las 5:00 suena el despertador. Busco el teléfono, marco el 9, me atiende una voz de hombre tan dormida como la mía: "Hello?". Corta y precisa, le pido "Hot water, please". Se que hay que esperar unos diez minutos para que el oro transparente y líquido comience a correr caliente por el grifo. No hace frío en Delhi, pero tampoco quiero ducharme tan temprano con agua fría.
Mientras, comienza nuestra ceremonia del café. Agua embotellada en una especie de cafetera de mano, un "rulo" eléctrico para calentarla, unas dos cucharadas de café ya molido, presiono para prensar el café y voilà... tenemos desayuno. Todo un lujo si se piensa lo riesgoso que es en India beber café -o té, o cualquier otra bebida que lleve agua-.
A las 5:30 salimos para la estación. Aspiramos profundo para contener la respiración y corremos un poco al pasar frente a nuestros urinarios públicos (o eran meaderos?), esos que están a modo de "bienvenida a la India" en la callejuela que nos lleva al hotel.
No hace falta preguntarse qué es lo que hace tanta gente a esa hora de la mañana levantada, es posible que hayan dormido ahí mismo y quizás también de pié. Los 300 metros que nos separan de la estación los caminamos esquivando humanos, perros, basura y ciclistas y, como no, bocinas. Estoy pensando seriamente si los bocinazos serán uno de los tantos dioses que tiene el hinduísmo. Una secta de nombre "adoradores del dios Horn?". Deducción estúpida, pensarás. Es que hay un imposible en India? Algo racional? Alguna forma de vida que sea común al resto de los seres humanos? Seguro la habrá, pero no está a la vista...

Entrando a la estación New Delhi.

Lista de pasajeros en la puerta de cada coche del tren.

Esperando para cargar.

En la pequeña mochila lo indispensable para el día: agua, galletas, cámara fotográfica, pañuelos y líquido desinfectante (!). La estación está repleta, subimos escaleras para llegar al andén que nos corresponde y nos encontramos conque apenas si tenemos espacio para caminar: muchos de los que esperan nuestro tren -o el siguiente, o el que le seguirá después del siguiente- han pasado la noche durmiendo ahí, formando grupos de amigos o familiares sentados en círculos alrededor de su equipaje. Con tal movimiento de gente ya han desaparecido las ratas que rodean a estos grupos, se pueden ver solo en las vías (es lógico, están ahí donde hay restos de comida).
El tren llega puntual, es el Bhopal Shatabdi, nos dejará en Agra en dos horas y seis minutos, 195 km. Clase AC Chair Car (CC) -asientos de primera clase, aire acondicionado-. Incluídos: té o café con un bocadito, una comida, una botella de agua mineral. Todo por 7,50€. Los empleados pasan con las bandejas y con una lista para saber quienes son los nuevos pasajeros. Los asientos muy parecidos a los de un avión, incluso con bastante más espacio para las piernas. A uno de los lados de cada ventanilla hay enchufes para que puedas cargar la batería de lo que necesites.  Igual todo se ve un poco viejo y bastante descuidado. Antes de sentarnos rociamos los asientos de tela con desinfectante y, todavía oscura la mañana, nos adormecemos.

Nuestro tren.

En Agra es más la gente que sube que la que baja. El panorama en el andén no cambia, cientos de personas sentadas, o durmiendo o comiendo en el suelo. Hay una oficina de información turística, nos anotamos a una excursión (2000 rupias para ver el Fuerte de Agra, Fatehpur Sikri y el Taj Mahal) y ahí mismo esperamos hasta las 9:45 a que comience  (el lugar es agradable y silencioso, y muy amable el señor que nos atendió). Así es como vamos viendo a los próximos compañeros de excursión. Nosotras dos las únicas extranjeras. Los indios, como casi en todos los lugares turíticos a visitar, pagan mucho menos. Un ejemplo: la entrada al Taj Mahal cuesta a un extranjero 750 rupias indias (un poco menos de 10€, un poco más de 12U$S) y a un turista local 20 rupias, los demás puntos a visitar nos cuestan entre 260 y 300 rupias, al indio todo 20 rupias. Y me parece bien.
Llegada la hora nos invitaron a buscar el bus de la excursión a unos 100 metros de la estación. Nosotros 13  más guía y conductor. Nuestro guía es extremadamente delgado, pasados los 50, falto de dientes. Su inglés parece ser bueno. Igual no le entiendo ni la mitad. Además de que no lo escucho,los ruidos están siempre presentes. Por suerte entre el grupo hay una pareja muy joven que nos ayuda y traduce del inglés del guía a un inglés que sí entiendo. El resto del grupo compuesto por familias, con un niño la mayoría -adolescentes, en realidad-, para ellos el guía también explica en hindi y en otra lengua india que ni siquiera se me ocurrió preguntar cual sería. En India se hablan al menos 30 idiomas diferentes y otros 2000 dialectos.
El plan de la excursión, con horarios a cumplir: Fatehpur Sikri, Agra Fort y Taj Majal. Almuerzo antes de la visita al fuerte.
Mi segunda visita a los tres lugares, la expectación y el asombro anta tanta maravilla no cambia.
Recorremos los 39 kms. hasta el primer punto. Agra, como toda India, es pobrísima y super poblada. Duele todo lo que ves en las calles, esto también: vamos por una carretera -nunca mejor dicho, una calle construída para la circulacíón de carros, asfalto sin líneas, de noche camino de nadie- en la que lo que abundan son las nuevas construcciones. Cientos de hombres y mujeres trabajando en las obras y el trabajador forzado, obligado, extremadamente delgado, la cabeza gacha, la mirada en la nada: el mulo -mula- cargado de kilos de ladrillos. En cada obra, en cada calle. No pude sacar fotos. No quise sacar fotos con la esperanza de que la imagen se fuera alguna vez de mi mente.

Saliendo de la estación de Agra.

Fatehpur Sikri.
Construída entre 1571 y 1585 por el emperador Akbar, la ciudad fue capital mogol durante solamente14 años. Abandonada por falta de agua y la imposibilidad de transportarla y saqueados sus tesoros, la arquitectura de la ciudad muestra fusión de estilos hindú e islámico. El complejo real alberga espacios privados y públicos de la corte de Akbar -entre ellos el tesoro y la corte-.
Diwan-i-Khas, donde Akbar celebraba sus audiencias públicas.

La parte interior central de Diwan-i.Khar.

Diwan-i-Khar.

Panch Mahal, pabellón abierto donde las reinas de Akbar disfrutaban del fresco vespertino.

Panch Mahal.

Esculturas en piedra arenisca.

Jodha Bai Palace.

En mármol blanco, la tumba de Salim Chishti.

Buland Darwaza, entrada.

En el interior de la tumba de Salim Chishti, las parejas sin hijos atan un trozo de hilo de algodón en la celosía que rodea la tumba pidiendo un milagro y se retiran confiando en que el santo hará realidad su deseo.

La paredes que bordean la tumba.


Agra Fort.
Después del almuerzo, puntualmente seguimos viaje al fuerte de Agra. Nuestro guía nos da solo unos pocos minutos para tomar fotos, imposible pararse un minuto a mirar algo que te ha gustado, ni comprar libros guías o postales. Las pocas postales compradas te las ofrecen a la carrera los chiquillos que te rodean en todo momento. No basta eso para quitártelos de encima, cuanto más compras, más tienes a tu alrededor. Algo así como "olfatear" al comprador...

Contruído también por Abkar entre 1565 y 1573, el fuerte de arenisca roja forma una medialuna a orillas del río Yamuna, y concebido como una fortaleza militar, fue transformado en palacio por Jahan, nieto de Abkar.

Khas Mahal detrás, de mármol blanco y de techos pintados y el Anguri Bagh, jardín con estanques de nenúfares y nichos para velas.

Interior del Khas Mahal.

Interior del Khas Mahal, con incrustaciones de piedras preciosas en el mármol blanco.

Pietra dura, piedras preciosas incrustadas en mármol. Relieves floreados inspirados en el" jardín del paraíso".

Marble Fountain.

Arcadas de Diwan-i-Aam, salón donde el emperador celebraba sus audiencias públicas.

Jahangir Mahal, palacio.

Saliendo de la fortaleza.

Las murallas.

Taj Mahal.
Y ahí está. Has recorrido un largo camino para llegar acá, años quizás con el único deseo de verlo con tus propios ojos. Y si son las 16:30, entonces este es el Taj Mahal!
Puntuales en la entrada, nosotras dos le pedimos al guía si nos deja recorrer el lugar a solas. No somos las únicas, una pareja se separó del grupo antes de entrar, preguntamos la hora y el punto de encuentro y caminamos por los jardines hacia la tumba.
Un poco de historia, que seguro la conoces, puede ser que no recuerdes mucho: construído entre 1631 y 1653 bajo las órdenes del emperador Shah Jahan como homenaje de amor a su esposa Mumtaz -que murió al dar a luz a su hijo número 14-, el Taj Mahal es el mausoleo de esta emperatriz y de su esposo, que murió en una celda del Fuerte Rojo al ser depuesto por su hijo Aurangzed. El único consuelo de Jahan era observar su obra desde la ventanita de su celda.

Curiosidades importantes a saber:
  Los alminares en cada esquina del Taj se inclinan hacia afuera para que, en caso de terremoto, se caigan lejos de las tumba y no sobre ella. En cada alminar están escritas las letras R, H, M y N (Rahman, uno de los 99 nombres de Alá).
  20.000 personas tardaron 22 años en construír el Taj Mahal.
  En el siglo XIX, el Taj era el lugar favorito de las parejas amorosas, y los británicos organizaban bailes al aire libre en el exterior mismo de la tumba.
  Contrario a la creencia de que el Taj está construído enteramente de mármol y que los edificios anexos son de piedra arenisca, la verdad es que los materiales principales utilizados son ladrillos delgados y mortero calizo. El mármol y la piedra roja sirven solo de enchapado.
  Los 99 nombres de Alá están inscritos encima del sarcófago de Mumtaz Mahal. Las tumbas verdaderas están en la cripta debajo de las tumbas públicas.
  Unos versos del Corán, en mármol negro, adornan la parte exterior de los paneles lateral y superior de la entrada.
  El emperador Jahan se encontró con la princesa Arjumand Banu en los mercados reales, enamorándose de ella a primera vista. Pidió a su padre el permiso para casarse con ella y en la boda le fue otorgado el título de Mumtaz Mahal, "luz del palacio". El matrimonio duró 17 años.





Versos del Corán.

Piedras semipreciosas incrustadas en el mármol.







Vista desde el Taj hacia la entrada a los jardines.

La mezquita, a uno de los lados del Taj.

Uno de los cuatro alminares que rodean el Taj.

Y como todo lo bueno tiene su fin, después de haber visto, sentido y tocado la obra más maravillosa que el hombre pudo haber construído, nos toca volver a la realidad de este paupérrimo país, pobre entre los pobres, subirnos al bus que nos conducirá nuevamente a la estación de trenes y chocarnos, nuevamente, con muchedumbres distribuídas por cada centímetro de los andenes...