domingo

Emiratos Árabes y Qatar: entre futurismo y machismo.


De compras por Dubai...

Emiratos Árabes.
Si como mujer latina piensas que conoces el machismo, una visita a algún país árabe o musulmán te hará conocer no solo que la mujer es tratada como un ser humano de segunda clase, sino además despreciada y relegada a un segundo plano por la mayoría de los hombres. Si, también puede ser que no todos sean así, pero si no se comportan de esa manera, en el fondo así piensan de las mujeres. Así se les enseñó y así ellos enseñarán a sus hijos. Y si niegan ese trato es porque puede más su buena educación, que en algún momento de su vida y en un solo, único gesto, quedará en el olvido. Ni siquiera existe esa especie de respeto y admiración que siente, por ejemplo, el hindú por su madre y por su abuela (no hay respeto más grande que el que se demuetra a los mayores). Para la religión musulmana existe solo un sexo: el masculino; el otro es algo que está en esta vida para servir a ese sexo y traer hijos al mundo -hijos varones, porque lo demás, o sea las hijas, son hijas de sus mujeres-. No te ofendas, no es cuestión religiosa, pero hoy en día nadie puede negar que las cosas son así y jamás van a cambiar. Y es el pequeño trato diario que se les da a esas mujeres, a la pequeña humillación que para ellas puede pasar desapercibida pero que toda mujer -persona- con un mínimo de inteligencia no puede dejar pasar por alto. Tampoco es la única religión ni la única cultura que nos da ese trato, pero ahora te quiero contar de esas "pequeñeces" a las que me refiero.

Las vacaciones en la playa no cuentan entre mis preferidas, pero hay veces que he necesitado del calor y el sol que tanto falta en Alemania. Esa necesidad de "asarme" por unos pocos días y volver cargada de nuevas energías y con un color distinto en la piel. Y así es como, en el verano de 2005, quise conocer uno de los países más ricos del mundo: los Emiratos Árabes Unidos. Ubicado en Oriente Medio, con una población de un poco más de 9 millones de habitantes, de los cuales solo el 15% son nacidos en el país. El 85% restante son inmigrantes, entre ellos un 50% del sur de Asia (nepaleses, afganos, paquistaníes, indios). Lo que significó para mí, como para todo turista, ver una ínfima cantidad de emiratíes.
Mi paquete turístico abarcaba el vuelo y una semana de hotel con media pensión en uno de los siete emiratos: Sharjah, el tercero en importancia después de Dubai y Abu Dabi. Y el único en el que está prohibida la venta de bebidas alcohólicas. Si quieres beber alcohol debes comprarlo en otro emirato y beberlo en la habitación del hotel... No era un problema para mí, lo extraño era que mi hotel estaba lleno de turistas rusos (nunca supe de un ruso que no bebiera alcohol). Mi habitación estaba en el primer piso, un pasillo largo y con un joven indio que parecía vivir en el pasillo mismo. Desde la 7 de la mañana hasta la 1 de la mañana del día siguiente estaba ahí, supuestamente al servicio de quien lo necesitara. El primer día lo saludé con un "namasté" y me gané su simpatía. Trabajaba en Sharjah para mantener a su mujer y dos hijos que vivían en India. Me daba pena su historia, pero siempre estaba de buen humor y era realmente servicial. Cada tarde al volver de la piscina a mi habitación llegaba con dos helados, uno para mi y otro para él, que aceptaba con una enorme sonrisa.

Sharjah

Sharjah


Principios de septiembre y el calor era agobiante. Recién llegada, a la mañana me duché en mi habitación con lo que pretendía ser agua fría. Desilusionada me fuí a la piscina, pero el agua estaba todavía más caliente. El mar como tercera opción y el agua de mar aún más caliente que las dos anteriores. Quería calor y sol y estaba en el lugar indicado...
Las dos primeras tardes me subí al minibus del hotel que me llevaba al centro de la ciudad, lleno de mercadillos propios de los países árabes pero en versión rica: bajo techo y con aire acondicionado. Algo asì como un shopping center de baratijas.
El tercer día decidí ir a Dubai, siempre en el bus del hotel. La arquitectura del país es gigantesca, moderna, majestuosa. Las avenidas, las autopistas, los autos! Todo es grandioso, lujoso, extravagante. Y aquí están mis anécdotas...


Necesitaba informaciones y mapas de Dubai y entré el la oficina de información turística en pleno centro. El único hombre de ahí, de unos 30 años, me recibió amablemente y con simpatía y mientras me acercaba unos mapas ví algo detrás de él que me dejó boquiabierta: banderas, escudos, fotos del club atlético Boca Juniors, de Argentina. No soy para nada simpatizante del club, pero no podía dejar de sonreír al ver todo eso. El joven, originario de Abu Dabi, me contó que había llegado a Buenos Aires en un barco turístico y que había comprado esos artículos después de haber ido a ver un partido de fútbol... Señalándome el mapa que me estaba mostrando, en un segundo se transformó (y esto es parte de lo que me refería al comienzo). Entró un hombre de unos 40 años, que podría ser turista árabe y/o local, y el empleado me ignoró completamente. Dejé de existir de un instante al otro, comenzó a buscar mapas e información para el recién llegado, ni siquiera me dijo que esperara, ni me despidió, ni supo que yo seguía allí y, enterada a la fuerza de que no me dirigiría la palabra hasta que el otro se fuera, me retiré. Mujer, extranjera, cristiana...

Cuando a la tardecita me decidí volver al hotel, en el otro emirato, comenzé a buscar un taxi. Al no conseguir que parara ninguno, me quedé en un esquina al lado de un semáforo. Abrí la puerta del primero que ví libre. Me miró de mala gana y me dijo que si quería ir a Sharjah que buscara enfrente, de la mano contraria (no podía girar? No quería!). No se veían otros extranjeros por ahí ni mucho menos mujeres solas. Después de veinte minutos de intentar que alguno parara, volví a la táctica de la esquina del semáforo. Esta vez me subí a uno sin preguntar, le dije a Sharjah y el nombre del hotel y en cuanto empezó a protestar me puse a leer lo que tenía en la mano ignorándolo completamente -estaba aprendiendo!-. "Rush hour", y lo que sería un viaje de 20 minutos llevó una hora, y si hay algo realmente económico en los emiratos, es el petróleo (por una hora de viaje 12 euros, es lo que cuesta de mi casa al centro de Múnich por 5 minutos de viaje). En una hora hubo tiempo de charla: el taxista era de Paquistán, trabajaba y vivía en Dubai para mantener mujer y un racimo de hijos, enviaba casi todo su sueldo a su familia y en lo posible dos veces al año los visitaba -como la mayoría de extranjeros asiáticos-. Cuando le pregunté por qué no me quería de pasajera, me dijo que no tenía ganas de ir hasta el otro emirato porque ya terminaba su día de trabajo. Entonces todos los taxistas que paré anteriormente tienen su mismo horario de trabajo?, pregunté con sarcasmo. "Y además porque es una mujer sola" me dijo.

El último caso similar me pasó en uno de los zocos de Sharjah mirando para comprar un macro zoom para mi cámara. Después de mostrármelo, el empleado me lo quitó de las manos y lo guardó al ver que entraba un hombre al negocio. Se deshizo en atenciones para con él y me fuí. Al otro día volví al zoco y cuando me vió pasar se acercó muy sonriente "Se acuerda de mí? Tengo el zoom para mostrarle". Y yo le mostré el que acababa de comprar...
Tampoco quiero dejar de mencionar a unas pocas personas que se acercaban amablemente a preguntarme de dónde era y si me gustaba su país.


Doha, capital de Qatar.


Qatar.
En otro viaje, en 2009, me quedé todo un día en Doha, capital de Qatar. El país más rico del mundo con un 87% de extranjeros! Trabajadores extranjeros, debería decir. Y si ví algún qatarí no podría asegurarlo, las ventanas de sus super autos tenían vidrios polarizados. La arquitectura de sus edificios todavía más impresionante que la de los emiratos. Debajo un par de fotos de un mundo futurista...


Qué hacer en un parque donde todo está prohibido?

Donar sangre al alcance de la mano...



Necesita el mundo todo esto?