domingo

En Vietnam: sin dinero, con dinero...



Ahhh... El placer de recorrer las ciudad de Hanoi en un rickshaw a pedal! No hay forma más consciente de arriesgar la vida. Ni más divertida. Bueno, al menos para mi. La vida me enseñó a no tener miedos, quizás porque jamás me dió situaciones de verdadero riesgo. O no las ví como las verían los ojos de otros.


Noviembre 2013. Compré el billete de avión más económico que encontré en la web para visitar Vietnam y Camboya. La Royal Jordanian, de Múnich a Bangkok con seis horas de espera en Amman, ida y vuelta el mismo tramo. A propósito de la Royal Jordanian: me sorprendió sobremanera que tuvieran cubiertos de metal, prohibidos por la mayoría de las compañías aéreas desde el 11/9/2001; el lado malo: en los cuatro aviones, pasada apenas una hora de vuelo, el papel higiénico se había acabado en todos los baños. Pregunté a una azafata si podía reponerlo y no había idioma que yo supiera y que ella entendiera, entonces recogí el cartoncito vacío y se lo mostré. Ella y otra azafata comenzaron a buscar el papel en los armarios y nada... Sin papel por unas cinco horas más de viaje. Dí por supuesto que son hombres los encargados de subir papel higiénico al avión.
Desde casa tenía también comprados otros vuelos internos: Bangkok/ Hanoi/ Danang/ Ho-Chi-Minh-City/ Siem Reap/ Bangkok. Los hoteles los podías pagar con tarjeta de crédito, algunas excursiones también. Tenía los dólares justos para un guía turístico en Angkor Wat y los pocos euros que llevaba los cambié y gasté en Tailandia. Salí de casa con la tarjeta de crédito que no es apta para retirar dinero y una tarjeta de débito, una EC, que tuve que "liberar" personalmente en el banco, es decir se me permitía usarla en los cajeros automáticos en Vietnam y Camboya desde el día de mi llegada hasta un par de días después. En mi segundo día en Hanoi probé retirar dinero de un cajero automático cerca de mi hotel. No funcionó y probé en otros dos. Un rato después me pasó a buscar por el hotel un chico en un rickshaw a pedal que me llevaría por tres horas a recorrer la ciudad. Además de la aventura de que se metiera en contramano por doquier y causara caos de tránsito ahí donde fuera, todo esto conmigo como pasajera -hubo momentos en que llegar a pensar "a morir vamos a ir todos, y quién sabe si mi lugar no es hoy y aquí..."-, el chico, que no hablaba más que un par de palabras en inglés pero alguien del hotel le había dicho que durante el paseo me llevara a todo cajero automático que divisara, estaba más desesperado que yo a la búsqueda de las maquinitas. Claro que después de una hora y habiendo pasado por una docena de ellas -entrando también a los bancos a preguntar-, llegué a la fatídica conclusión de que al tercer día de vacaciones ya casi no tenía dinero encima y ni manera de obtenerlo. Igual, mi chico no se daba por vencido y señalaba aquí o allá un nuevo cajero.
Entrada la tarde y vuelta al hotel, no tuve otra opción que tratar de comunicarme con mi banco en Múnich. No respondieron a un fax que envié, entonces llamé a una hotline. Me atendieron amablemente y verificaron que mi tarjeta no funcionaba más, quizás por haber pasado unas cuantas veces los registros de los aeropuertos (fue su explicación). A los diez minutos de conversación comencé a ponerme un poco nerviosa por lo que me podía salir la llamada, a lo que la alemana del banco me dijo que ellos repondrían el coste. La única solución sería enviarme dinero por la Western Union y para ello debían verificar mi identidad. Me pidió el teléfono del hotel y en unos 10 minutos más me llamó un hombre. No bastaba con mi nombre, fecha de nacimiento y otro datos útiles, nada era suficiente para comprobar que era yo misma la que estaba al teléfono. Una media hora después -deletrear mi nombre y apellido en alemán lleva sus buenos minutos, creéme- llegó la pregunta salvadora: dónde, cuándo y cuánto fué su último retiro de dinero en Alemania? Perfecto, me acordaba! Hasta la hora aproximada... Parte del problema solucionado, pensé aliviada. Me dijeron que por regla general no enviaban más de 1400€. "En Vietnam con ese dinero vivo un año entero!", respondí riendo. Aunque la suma fue mucho menor, me convertiría, al cambio en moneda vietnamita, en millonaria por unos días (unos 12.000.000 millones de dongs).
Eran cerca de las 10 de la noche hora local cuando terminó todo. El servicio del Deutsche Bank fue excelente: 10 minutos después de terminada mi conversación tenía depositados en mi cuenta 20€ para pagar la llamada que había hecho desde el hotel y, cuando la quise pagar, me encontré con la amabilidad del manager de no querer cobrármela (nobleza obliga y, ya de vuelta en Múnich, quise devolver ese dinero al banco, que tampoco aceptaron...). Quedé sorprendida y agradecida por todos esos gestos.

La mejor elección en Hanoi: Tu Linh Palace Hotel.

El Western Union más cercano al hotel quedaba cruzando la calle y ahí fuí a la mañana siguiente apenas abierto el banco, a las 10 de la mañana. Con custodia en la puerta como todos los bancos, el señor me abrió la puerta al verme llegar. Tres empleadas, me pasaron a la que parecía ser la jefa. Pasaporte en mano y una "clave" que me habían dado desde el banco alemán -en realidad me pidieron una palabra para identificarme, di el apellido de mi madre, muy italiano, y eso debía repetirlo en el formulario del banco-. Llevaba unos 15 minutos sentada frente al mostrador, cuando me dí cuenta que era la primera vez que allí se hacía un trámite semejante. Las señoras estaban empeñadas en hacerme llenar un formulario para enviar dinero y no para recibirlo, por lo que tuve que cruzar al hotel, pedir que escribieran en vietnamita lo que yo necesitaba y, hecho y entendido todo esto, se me entregó un nuevo formulario -en inglés-. Entre todo esto pasó más de una hora. Mientras tanto, el señor de la custodía abrió de par en par las puertas de cristales del banco, entró su pequeña moto, cerró, bajó las persianas de seguridad y volvió a entrar al banco. Estaban cerrando al mediodía -un horario muy extraño- conmigo dentro. Cuando finalmente tuve mis millones encima, la puerta se abrió para mí y, después de saltear la moto como pude, me despedí agradecida y amablemente y crucé al hotel. El manager me felicitó por mis "millones" y ya en mi habitación respiré tranquila. El resto del viaje lo debía hacer con dinero en efectivo encima, dejándolo en las cajas de seguridad de cada habitación, pero Vietnam es un país seguro y no tuve ningún problema con ello. A no ser por un pequeño susto en Ho Chi Minh, que se trabó la caja con dinero y mi pasaporte dentro y tardaron dos horas en abrirla. También en esa ocasión la gente del hotel se portó con extrema amabilidad y simpatía. Y volví a casa con la conclusión de que no conozco asiáticos más agradables que los vietnamitas, en las buenas y en las malas...

En contramano...

Tranquilo, mi conductor, va retomando la derecha...

Crucemos, no importa...

Raramente me llevó por la mano correcta.

 No hacía falta preguntar por qué todos nos miraban...

No apto para cardíacos.De aquí ya no recuerdo hacia que lado me llevó, cerré los ojos...