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India: lo que no te cuentan los libros ni la Wiki/ Parte 1: dinero y otras cosas.

Los colores, los olores, los ruidos, los animales sueltos, los mutilados, los parias, las calles y rutas rotas, el polvo, la suciedad, la pobreza, las prostitutas, los niños pedigüeños, el estado de los edificios, de los medios de transporte, la gente que te quiere tomar por tonto... Imagínate todo junto a soportar en unos pocos minutos. Es más fuerte todo eso que la voluntad que quieras poner de tu parte para ver todo color de rosa.
Voy a empezar por esa gente que quiere sacar partido de ti como "rico extranjero", o nada más que por extranjero. Fue una de las cosas que más me molestó de India. Independiente de la clase social de la persona en sí, o de la edad, jamás entenderé esa especie de afán de burlarse del otro. Cosas que molestan y que te hace imposible disfrutar un lugar a pleno. Hay pobreza y hambre, pero eso no justifica ciertas actitudes.

Seguro has visto, como yo, alguna película o documental referido a las mafias indias que mutilan a niños para después obligarlos a pedir, causando lástima y compasión en su estado. Los niños piden. "Five rupees", "one rupee" (5 rupias, 1 rupia, la moneda local). He visto muy pocos niños mutilados, pero sí niños con adultos ocultos en alguna esquina a la espera de su "pesca". El niño pide, grita, chilla, te persigue sin despegársete y te toca y, al instante de haberlo hecho, te dice burlón "don't touch me!", antes de que lo digas tú. Si hay algo de inglés que debes saber en ese país, es la frase "no me toques!". La vas a tener que repetir muchas veces al día. Igualmente los niños te seguirán hasta donde ya no puedan entrar, o sea un hotel, un taxi, un restaurant, un negocio. De todas formas esperarán a que salgas y volverán con las mismas palabras de pedido. Y sabes que si les das su rupia, ellos correrán a dársela a esa persona que los ha enviado a pedir y en un par de minutos lo tendrás otra vez a tu lado con el mismo pedido. Recuerdo especialmente una vez que nos persiguió un chiquito por toda una ciudad pidiéndonos bananas que teníamos en una bolsa de plástico. Sabiendo que no se las iría a comer sino a llevársela como parte de un botín, al entrar a una tienda de telas preguntamos al dueño qué podíamos hacer. Y él tuvo la idea: lo invitó a entrar y diciéndole que le daríamos los plátanos si se los comía ahí mismo. Y así hizo.

Los niños no solo piden, a veces son realmente molestos y hasta peligrosos. En un paseo por el desierto cerca de Jaisalmer y al bajarnos de los camellos, nos rodearon unos cuantos con una gaseosa para vender en una mano, en la otra un destapador de botellas. La pregunta concreta y precisa era: "Yes, sir?, yes, madam?". No bastaban las negativas con palabras, ni gestos ni miradas furiosas. Un único descuido de mi amigo y uno de ellos abrió una gaseosa, pretendiendo a los gritos que la pagáramos. El resto se sumó a las protestas en un tono realmente agresivo. Desistieron cuando otro turista, alertado por los gritos del chico, amenazó con llamar a la policía. Cosas así son las que no te dejan disfrutar del viaje y de la amabilidad y simpatía de otros indios, que también es de destacar.

Subida a un camello en las Dunas Sam y el chico del escándalo.


Sabiendo que las bananas/plátanos abundan en India y es una de las llamadas frutas "seguras" porque la debes pelar obligatoriamente, comprábamos cada vez dos para comer en el momento y no tener que cargarlas (las naranjas, por ejemplo, puede ser peligroso porque a veces para aumentarles el peso las inyectan con agua). El precio es un ejemplo porque no recuerdo cuánto era exactamente, digamos las dos bananas por 10 rupias. Llevábamos ya unos días en el país, cuando un chico que nos hacía de guía se ofreció a comprarlas por nosotros -para no tener que bajarnos de su rickshaw-. Compró un kilo y le preguntamos cuánto había pagado: "3 rupias, el kilo cuesta igual en todos lados". Oh!

Venta de fruta en una calle de Jaipur.


Al tratar de comprar una mañana el Indian Times -periódico-, nos pedía el vendedor 4Rs (rupias) por él. El precio impreso era de 1,50R. Mi compañero señalaba el precio y no se cansaba de repetirlo, con la misma insistencia el otro le pedía las 4 rupias. Lo solucionamos tomando el periódico y dejándole una rupia con 50, a pesar de las protestas.

En la última ciudad que estuvimos, Delhi, compartimos durante dos días habitación, los tres siguientes me quedé sola porque mi compañero ya había vuelto a Canadá. Cuando se fue, pagó también por adelantado las tres noches demás que me quedaría yo. Pero el día que me tocaba irme, el empleado me hizo pagar el impuesto por esos cinco días porque, según su versión, eso no había sido pagado. Comencé a discutir con él, sospechando que no era cierto lo que decía, hasta el momento que llegó el taxista que me llevaría al aeropuerto y me dí cuenta que no me dejaría ir si no le daba lo que me pedía. Pocos días después pregunté a mi amigo y si, el impuesto había sido pagado...

Hotel donde me hicieron pagar dos veces un mismo impuesto (en noviembre de 2000). No recomendable. Sorry, pero lo malo también hay que darlo a conocer...


Pero esto es lo que colmó mis nervios: en el aeropuerto de Delhi, en la oficina del correo postal, quise enviar las tarjetas postales que había juntado y escrito durante el viaje: dos a Europa, siete a Sudamérica. Me dió los sellos, cada postal llevaría dos, uno por 3Rs y otro por 10Rs. Le pagué y el hombre, muy amablemente, dijo que él los pegaría. Lo ví hacerlo, nos separaba un escritorio. Cuando las dejó en un estante detrás suyo junto con otras cartas y postales. Las postales llegaron, si, y en muy poco tiempo. Cuando ya en Múnich visité a una amiga, ella me comentó "ayer llegó tu postal". Quise verla por curiosidad, no me acordaba cuál le había enviado. La postal tenía dos sellos, uno de 3Rs y otro de 5Rs! Con el tiempo fuí preguntando a cada persona que le había enviado una y en todas era igual, dos sellos por 8Rs cuando el hombre me había hecho pagar 13Rs por cada una...
La pregunta es: qué es lo que lleva, en este caso a un empleado del correo postal, a quedarse con dinero que no le corresponde de una manera tan engañosa? El falso orgullo de haber tomado por tonta a una turista? Por qué se comportan así?

Estos y otros tantos pequeños comportamientos son los que no te permiten hablar muy bien del país. Claro que también está la parte agradable de estos relatos,  te la cuento en otra entrada...