martes

Viajando por libre en India en autobús (desde Agra).

Las formas más fáciles de viajar por India no las conocí, que serían en excursiones turísticas organizadas en autobús o en auto alquilado con chofer.
Bien, si puedes armarte de toda la paciencia del mundo decídite, como yo, a viajar por libre en tren y autobús. El lado bueno: es la única forma de mezclarte con nativos y conocer sus tradiciones y costumbres, ellos mismos son entusiastas viajeros en su propio país y siempre dispuestos a compartir una charla con el extranjero. La cultura también es eso, aprender de los demás, de su forma de vida, de su manera de pensar y aún cuando no compartas sus ideas, aprendes a respetar esa cultura. No rechaces un futuro interlocutor. Además de curiosos, los indios son buenos anfitriones y siempre tratarán de acercarce a ti por medio del diálogo -sin contar a los charlatanes, los que tratan de venderte alguna cosa o servicio, que aunque los ahuyentes no te los quitarás así nomás de encima-.

No es tan complicado hacerte de un billete de autobús como comprar un billete de tren porque los pasajes se pueden comprar en el momento y lugar de partida. Mi compañero de viaje y yo tomamos un tour de una hora de viaje (40 km. con paradas para las clásicas compras de artesanía local) a Fatehpur Sikri, ubicada al oeste de Agra. [Fatehpur Sikri, ciudad abandonada y maravilla de la arquitectura mogol que fue la capital del imperio de 1570 a 1586, abandonada súbitamente debido a la carencia de agua; la mayoría de los edificios se encuentra en muy buen estado y es una visita casi obligatoria si pasas por Agra.]

Fatehpur Sikri, en noviembre de 2000.

Fatehpur Sikri.


En la excursión íbamos nosotros dos y un matrimonio de jóvenes ingleses como únicos extranjeros. Los ingleses llevaban 9 meses de viaje alrededor del mundo y 2 semanas en India. Dos semanas sin dirigirse casi la palabra -y pensar que, justamente, la mal heredada burocracia inglesa es en India uno de los causantes de tantos malos momentos!-. Bastante normal para turistas en el país, eso de que logren ponerte de mal genio. Es que te hartas de tantas cosas mal hechas, mal organizadas, peor explicadas y acabas peleándote con quien tienes al lado, o sea tu compañero de viaje, ya sea tu esposo, pareja, tus padres, hijos, amigos. Por todo el país encontrábamos gente que nos contaba de la misma situación. Citando a Susanita de "Mafalda" de Quino: el problema de comunicación es no poder incomunicarse... Un día, en una estación de trenes perdida al oeste del país y cuando mis nervios estaban a punto de estallar tratando de conseguir un billete de tren, encontré a un español que me dijo muy claro: "tu por lo menos tienes con quien pelear, yo llevo tres semanas en el país sin poder desahogarme! No veo la hora de irme y encontrar un poco de paz".
Volviendo al tour en sí, que era más bien conducido que turístico, debes saber que tener un pasaje numerado en autobús no implica necesariamente que el asiento sea solo para ti. A mi compañero y a mi nos tocó un asiento de dos plazas, pero a los ingleses, ubicados al otro lado del pasillo y un par de filas delante, uno de tres plazas. Para malestar de la mujer, y además sin poder protestar -para los indios es la forma conocida de viajar y ante cualquier protesta responden con el conocido meneo de cabeza (entrada en este blog "Metrónomo o péndulo invertido")-, en la plaza libre a su lado se sentaron dos adultos y un niño, lo que obligó a los dos a dejar parte de su asiento para poder entrar los cinco en un lugar para tres.
Detrás nuestro y en los últimos asientos viajaba otro matrimonio. El hombre conversaba cada tanto con nosotros, ella no hablaba inglés y cuando preguntó, vergonzosa, algo a su marido, él le tradujo a Gabriel: "Mi esposa pregunta si podría, solo por un momento, probarse los anteojos de sol de su mujer; nunca se ha puesto unos y le gustaría saber como se vé a través de ellos...". Se los presté encantada, se los probó, una sonrisa salió desde el fondo de su alma y, siempre sonriendo, me los devolvió. Lamenté el momento en que había dejado otro par de pares en casa y no poder regalarle los que llevaba puestos...


El Taj Mahal, mausoleo construído entre 1631 y 1653 por orden del emperador Shah Jahan como homenaje de amor a su esposa Mumtaz Mahal, quien murió al dar a luz a su hijo número catorce.


El Taj Mahal, de mármol blanco con incrustaciones semipreciosas, cambia de color según las horas del día.


Uno de los minaretes del Taj Mahal y la mezquita.


Escrituras.


Incrustaciones de piedras semipreciosas.


El Taj Mahal desde lejos.


Una calle en Agra.


Nuestro segundo y último viaje en autobús tuvo su parte cómica -excepto para uno-. Un autobús de línea, de Agra a Jaipur, un viaje a partir del mediodía. Sin mucho confort pero con asientos reclinables, el conductor del lado derecho, se entraba por la única puerta a la izquierda. El equipaje iba acomodado afuera, sobre el techo. Otra vez solo nosotros dos y dos inglesas, madre e hija, como únicos turistas. Ellas sentadas a mi izquierda, pasillo de por medio, todos en la segunda fila. Los asientos no eran numerados pero los billetes se vendían por la misma cantidad de plazas sentadas. Me gusta sentarme del lado del pasillo, Gabriel iba del de la ventanilla. Antes de acomodarme comencé a haceme notar rociando nuestros asientos, forrados en tela, con un aerosol contra plagas e insectos; las inglesas reían pero me lo pidieron prestado.
Mientras el resto de los pasajeros se iba acomodando, me di cuenta que el asiento delante mío, todavía desocupado, estaba inclinado y al querer volverlo a su posición -porque apenas si me entraban las piernas-, noté que le faltaba la manija para poder moverlo. Me paré, busqué en mi mochila mi tan preciada navaja suiza y, ante el asombro de las inglesas, intenté desarmar la mía sin suerte. Necesitaba una manija para poder desbloquear el asiento de adelante, más de cinco horas de viaje me esperaban! Y se las pedí prestada a mis vecinas -después de todo ellas me habían pedido el insecticida-... Desarmando la manijita, miro hacia atrás y veo que el resto del autobús, ya casi completo y compuesto en su mayoría por mujeres, tenía sus ojos puestos en mí. Me denunciarían? Me apuré, la manija prestada la coloqué en el lugar de la faltante en el asiento reclinado, lo enderecé, volví a quitar la manija, la devolví usando una vez más la navaja y rapidito y en silencio me senté como si nada hubiera pasado. Gabriel para ese entonces tenía su rostro pegado a la ventanilla como si estuvieran a punto de llevarme presa por el fraude del siglo...
Faltaban un par de minutos para partir y se sentaron los dos últimos pasajeros en los dos únicos asientos libres: los de adelante. El autobús ya en marcha, el señor se dió cuenta de que su asiento estaba demasiado derecho e intentó por todos los medios de reclinarlo, con poco éxito. Parándose, volviéndose a sentar, haciendo fuerza hacia atrás con su espalda, protestando con gestos. Nada pudo lograr. Y de pronto se escuchó muy claro: las risas venían desde atrás y al darme la vuelta les ví haciéndome señas con el pulgar hacia arriba, una señora aplaudía en silencio, otra de muy atrás me saludaba con la mano, un señor tapaba su risa con la mano en la boca... Todos riendo en complicidad, excepto ese pobre señor del asiento de adelante...