domingo

Cenizas y algo más. Varanasi, India.

No todo lo que va a parar al Ganges son cenizas...

Por las calles de Varanasi.

Varanasi, situada a orillas del río Ganges, ciudad de más de un millón de habitantes y una de las siete ciudades sagradas del hinduísmo, del jainismo y del budismo. Cada año millones de peregrinos se dirigen al Ganges en Varanasi para rezar, purificarse, hacer sus abluciones (purificación ritual de algunas partes del cuerpo) o morir, porque quien deja su cuerpo en la ciudad sagrada y es incinerado junto al río se libera del ciclo de reencarnaciones y entra en el Nirvana. Todo hinduísta debería visitar Varanasi al menos una vez en su vida.
Ciudad deseada para el destino final: miles de enfermos y ancianos esperan su muerte en Varanasi, por lo que puedes ver en todo momento lo cruel que puede ser esta vida, las enfermedades más terribles y unas incapacidades físicas inimaginables. Un choque cultural y un dolor para el alma...


Varanasi.

Octubre de 2001, la segunda ciudad que visité después de Mumbai. Gabriel, un amigo de Canadá, me esperaba en el aeropuerto. Su ánimo no era precisamente el mejor. Había pasado las últimas cinco semanas en Nepal, rodeado de gente amable, pacífica, de buen carácter y ahora, apenas pasadas 24 horas en India, estaba totalmente fuera de sí. Ya lo había leído en algún artículo referido a la India: "Se debería visitar primero India y después Nepal y no al revés". Lamentablemente para mí, el mal humor -por llamarlo de una forma educada- le duró lo que nos duró el viaje juntos: dos semanas. Doy fe.


En las calles todo vale...


En la pensión donde nos alojamos, Gabriel había conocido un australiano y un brasileño, y los tres días siguientes lo pasamos los cuatro juntos. Flavio, de Brasil, era un chico muy corajudo, llevaba recorriendo medio Asia con no más de una frase en inglés. Así y todo, lograba comunicarse con todo el mundo.


Flavio, Gabriel y yo.

A la mañana siguiente a mi llegada, de madrugada, salimos con un guía en dirección al Ganges. A medida que cruzábamos la ciudad y nos acercábamos más al río, íbamos viendo más ancianos, más familias con niños, más turistas, más comercio.


Preguntando por el precio...


Nos subieron a los cuatro en un bote parecido a una cáscara de nuez cuando el sol comenzaba a asomarse. Y es cuando empiezas a tomar conciencia de donde estás: los ghats -escalinatas que bajan al río- ya estaban colmados con gente a punto de meterse al agua. Purificándose, lavándose la cara, los dientes. El olor es algo que nunca había sentido y que quizás por eso nunca podré olvidar, el olor de las cremaciones. Los cadáveres envueltos en mantas blancas, poca gente alrededor de cada fogata, algunos turistas...


                                                        Amanecer sobre el Ganges.

 El Ganges, uno de los ríos más contaminados del mundo, nacido en el Himalaya, recorre 2510 km. antes de desembocar en el Golfo de Bengala.
Todavía en nuestra cáscara de nuez, le pedí a Flavio que constatara lo que veía en el agua. "Si, pero mejor no mires más". Una vaca muerta, flotando. Un hombre que estaba purificando su cuerpo, el agua hasta los hombros, al verla llegar la empujó un poco...


Ghats.

Las cenizas de los recién cremados se tiran al Ganges, eso ya lo sabemos. Pero no todo se puede cremar, no al menos aquello que para ellos es sagrado. Los niños, los hombres santos de la India (los Sadhus, hombres que dedican toda su vida a la meditación), las mujeres embarazadas y, sagradas también, las vacas. Al morir, sus cuerpos van al Ganges. En épocas del monsoon, de junio a septiembre, las aguas del río bajan y los cadáveres que no han seguido la corriente del río salen a flote.


Lavando ropa en el Ganges.

Lavado de ropa.





Si, ver lo que ví fue una experiencia única y posiblemente irrepetible. Pero esa y otras noches me costó reconciliar el sueño, solo me ayudaba el cansancio del día.