martes

Perdida en Jordania...



Si fuera cuestión personal, definiría a Petra como una de las tres maravillas que conozco de este mundo -junto con la pirámide de Keops y el Taj Mahal, sin poder decidirme exactamente en el orden de preferencia-. Es igual cómo y cuantas veces me lo expliquen, no puedo entender semejante belleza. Tremendas, grandiosas obras de arte... Admiro la mano del hombre que tantas veces ha sabido ser más sabia que la propia naturaleza.

En julio de 2012 fui una semana al sur del Sinaí, en Egipto, con la intención de hacer desde allí dos excursiones, una de ellas cruzar en barco por el Golfo de Aqaba a Jordania para conocer Petra. Taba, a pocos kilómetros de la frontera con Israel, fue el lugar que elegí para quedarme.


A las 2 de la mañana me recogieron en minibus del hotel para viajar 60 km al sur y desde la ciudad egipcia de Nuweiba tomar el ferrie. Había llegado de un paseo por Israel -que había durado exactamente 20 horas- a eso de las 21 del día anterior.
Ya casi en el puerto nos pasaron a otro bus entre líos de nombres, operadores turísticos y nacionalidades (mi operador era alemán, mi pasaporte italiano y en lugar de decir mi nombre preguntaban por el pasajero alemán), de ahí a esperar el turno para subir al barco, sin saber exactamente en qué grupo estás ni reconociendo a los que harán el viaje contigo. Bajamos del ferrie en Aqaba (se pronuncia ácaba), ya en Jordania. Nos dividieron en grupos según la excursión que habíamos comprado y me tocó compartirla con unas diez personas de distintas nacionalidades con guía en inglés y el resto con polacos con otro guía polaco. Después de un poco más de dos horas de viaje en bus, con una parada para usar el toilette y hacer compras -prioritariamente para los guías turísticos en el orden contrario, claro está- llegamos a Petra, la ciudad contruída en la roca, la ciudad rosa. Se divisa primero la ciudad nueva, la antigua le sigue un poco después.
Ya a esa hora de la mañana comenzaba a notarse mi cansancio. La temperatura del día alcanzaba los 45 grados, vestida obligatoriamente con pantalón liviano pero que llegaba a los tobillos y cubiertos también los hombros. Gorra para protejerme del sol, mochilita, cámara fotográfica, una bebida...

El Siq, o desfiladero, que conduce a la ciudad.

Las maravillas del lugar se pueden ver en fotos (te muestro algunas) y en videos, la experiencia de caminar por el lugar, especialmente por el desfiladero, no tiene explicación alguna. Mi anécdota personal comienza al final de la excursión, de vuelta en Aqaba.
Habiendo recorrido bien la ciudad, con paradas para beber algo fresco, buscando siempre un mínimo de sombra, comenzé el regreso a la entrada -que a propósito: es carísima!-; debíamos juntarnos en el bus a una hora determinada para ir a almorzar a la ciudad nueva. En los toilettes del lugar tuve la suerte de encontrar la mujer que se encargaba del mantenimiento que, viendo mi palidez (totalmente insolada) inclinó mi cabeza en el lavamanos y me tiró un balde de agua fría. Y otro más, hasta que pude enderezarme y salir caminando. Doscientos metros de caminata hasta el bus y ya estaba totalmente seca, pero no olvidaré la ayuda de esa mujer.
En el restaurant apenas pude comer, el dolor de cabeza no me dejaba disfrutar de nada. Llegando a Aqaba para alcanzar de nuevo el barco y después de otras dos paradas "comerciales", y cuando faltaba ya muy poco para el puerto, otra parada más! No puede con mi genio, protestando con el guía -que de simpático no tenía nada-, me dijo que podía llegar hasta donde estaba anclado el barco caminando: "Gire en la esquina a la derecha, siga la calle y encuentra el puerto". Ay, ay ay...
Las 16:20, el barco salía a las 17:00. Caminados los primeros 100 metros pregunté si iba en buen camino, el hombre con sus pocas palabras en inglés me acompañó un tramo. "Argentina? Messi!". Seguí sola, caminando por la rambla. El lugar era muy lindo, familias disfrutando del agua y del paseo, Aqaba es una ciudad moderna y grande. Pero el puerto no aparecía. Pregunté a un par de gente más, no entendían lo que yo quería. En una esquina encontré un puesto de policía, había tres uniformados dentro. Uno me hizo señas de seguir derecho, feliz de haberme entendido y ayudado. Y el puerto seguía sin aparecer.
A cada persona que cruzaba le pregunta si hablaba inglés, recibía una sonrisa y un okey como respuesta. Hasta que me encontré con mi salvador! (?) Tenía una especie de minibus con solo el primer y segundo asiento y me preguntó si necesitaba un taxi. Sí, necesito llegar al puerto! No entendió la palabra puerto. Puerto, Egipto. "Ok, avión?" preguntó con señas hacia el cielo. No, no, puerto, barco, agua! "Agua? Ok." Seguía con gestos de no entender. "Glu, glu" -sugerí-. Pero nada funcionaba, ningún gesto, ninguna palabra. Un buen anciano que estaba sentado en un banco a un par de metros pareció darse cuenta de lo que quería y me preguntó "Egipt?". Siiiii, por fin! Y me hizo señas de cruzar a nado. Risas de los presentes, pero al menos le dijo a mi futuro conductor a dónde yo debía ir. Puestos de acuerdo, pregunto "Cuánto?" Me entendió! "10 dollars". No tengo dólares, puedo pagarle en euros. "Eh???" La palabra euro la dije en todos los idiomas que pude. Ninguna reacción. "Dolar=USA, euro=Europa". Naaada. Lo escribí en un papel y tampoco sabía lo que era. Justo apareció otro hombre que pasaba y le explicó lo que era el euro. Todos de acuerdo, le dije que me llevara pero sin el recién llegado -que parecía otro "taxista"-. Si tenía que defenderme de algo, que fuera de un hombre y no de dos...
Subimos a su destartalado vehículo y seguimos por la misma avenida ancha. Siempre derecho y el puerto no aparecía. La avenida se transformó en una autopista y ahí fue cuando empecé a decirle que ese no era el camino. En realidad sabiendo que no entendía le decía solo "no" y "stop". Pero él me quería llevar a destino. Y así durante unos 10 minutos. Hasta que después de una curva lo vi, a lo lejos: el puerto. El puerto de carga! Mis no! empezaron a transformarse en gritos. Y él no dejaba de decir "ok". Era tal el escándalo que le armé durante ese trecho, que llamó a alguien por celular, parece que refiriéndose al tema, porque cortó y el teléfono volvió a sonar más veces. Hablaba desesperadamente con alguien y me señalaba, a la vez que conducía. La tercera vez no atendió, abrió la guantera del auto y tiró el aparato dentro...
Salimos de la autopista para llegar a lo que decía Port 3, y yo sabía que el mío era el Port 1. En el lugar había un soldado. Mi chofer le explicó su versión, entonces el otro me pidió el pasaje! Dios, si sigo gritando, pensé, termino en alguna estación de policía o con mejor suerte dentro del agua... Con calma le dije que no tenía pasaje. Papelito y lapicera otra vez, escribí la palabra port con los números 1 y 3, dibujé un barco y -con palitos-, un ser humano y un camión, como para que notaran la diferencia. "Usted y yo somos personas. Esto es un puerto de carga. Quiero ir en un barco para personas". Respuesta del soldado: "Ok. Pasaporte". Ayyyy. Se lo mostré, me lo devolví quitándoselo de las manos y le hice señas al taxista de dar la vuelta y volver. Entendió! Faltaban 10 minutos para que saliera mi barco cuando vi el cartel que decía City/ 2 km., se lo hice ver, dijo "Ok." y retomó la autopista. Ya no sabía a dónde me iría a llevar, pero seguro estábamos lejos. Mi pensamientos iban desde "a dónde voy si pierdo el barco? Con quién hablo? Habrá consulado en la ciudad? Dónde encuentro personas que me entiendan? En un hotel de lujo habrá personal para poder preguntar..."

No se dibujar, una suerte que tuviera papel y lápiz conmigo.

El taxi se transformó en ambulancia porque pasamos todos los semáforos en rojo hasta que de repente se sonrió y dijo "Ok!" y dobló a la izquierda, en dirección al agua. Nooooo! Pero ya era tarde. Claro, tenía que haber un Port 2, y ahí estábamos. Lleno de soldados y uno pareció entender inglés, habló en árabe y salimos otra vez a toda velocidad hacia mi puerto...
Cinco minutos tarde y, gracias a que cada pasaporte lo revisaban cuidadosamente, estaban la mitad de los pasajeros todavía en tierra firme. Los polacos de mi excursión, últimos en la cola, no salían de su asombro al verme bajar del minibus (no me habían dirigido la palabra en todo el día y de repente querían saber todo sobre mi). "Y usted dónde estaba?". Paseando por la ciudad, conté. "Ah, por eso sobraba un pasaje y nadie sabía qué hacer con él!" Mi pasaje lo tenía el que controlaba la entrada al barco porque el guía no sabía siquiera que faltaba una persona...
Mi conductor se ganó los 10 euros y una propina. El pobre hombre estaba más nervioso y más asustado que yo. Y seguramente desde entonces tiene para contar la "aventura" de su vida...

El momento en el que desde el desfiladero comienza a divisarse la ciudad.

Khasnè, el edificio más célebre y hermoso de Petra.

Tumbas de la calle de las Fachadas.

Tumbas de la calle de las Fachadas.

Uneishu, tumba real.