lunes

Venecia en carnaval.


En febrero de 1997 decidimos pasar un fin de semana de carnaval en Venecia: Marcela, Alejandra, Mariana y yo, argentinas, y Nydia de Colombia. Tomamos desde Múnich una excursión en autobús un viernes por la noche, llegamos a Venecia el sábado temprano y esa misma noche hicimos el recorrido de vuelta.
Lo excepcional del viaje fue, una vez más, la buena compañía. Y lo que quiero contarte no tiene nada que ver con la ciudad en sí, sino lo que nos pasó al final del día.
Por la mañana cuando el conductor del autobús nos indicó dónde tomar el barco -batello- que nos llevaría a la Plaza San Marco, no se cansó de repetir que esa noche, exactamente a la medianoche, partiría el autobús de regreso a Múnich. Con nosotros o sin nosotros. Tomamos nota del número de patente porque, como él explicaba, esa noche estarían estacionados otros cuarenta buses en el mismo lugar. Al batello le llevó 15 minutos llegar a la plaza y también tomamos nota de ese tiempo para poder volver puntuales.
Una experiencia hermosa poder ver Venecia en carnaval, pasearse por la ciudad sin tener nada más que hacer, a ratos sentarse a comer o a beber algo caliente y admirar los disfraces y máscaras venecianas. Para no estar con el tiempo justo, a las 11 de la noche fuimos al muelle. No contábamos con que habría cientos de personas en nuestra misma situación, intentando subir a cada batello que llegaba. Amontonadas entre el gentío nos era muy difícil mantenernos juntas y además parecía que los barcos se llenaban y seguía habiendo tantas personas delante nuestro como al principio. A las 23:30 nos dicidimos y tomadas del brazo las cinco, empujando y atropellando a quienes teníamos delante, logramos subir a uno. Salvadas! Eso creíamos, hasta que el batello hizo sus dos primeras paradas en unos cinco minutos. El que habíamos tomado por la mañana parecía ser un directo, y preguntando nos dijeron que llegaríamos a la parada cercana a la playa de estacionamiento a las 00:20 -y el autobus partiría, sin nosotras, a la medianoche! Después de explicar nuestra situación nos aconsejaron bajar en la próxima parada, correr por una determinada calle hasta el final y ahí encontraríamos el estacionamiento. Si corríamos durante 20 minutos llegaríamos a tiempo...
El escenario te lo puedes imaginar: cinco mujeres a toda carrera por las calles de Venecia, entre risas, diálogos, desesperación, el cansancio del día y cargadas con pequeños bolsos... Esto sin contar con que Mariana y Nydia tenían 19 años y las demás les doblábamos casi la edad... Siempre corriendo logramos preguntar si íbamos en buen camino, y así fue como llegamos un par de minutos antes de la medianoche. Nos faltaba todavía encontrar nuestro autobús. Al separarnos la que lo encontró gritó para reunirnos. Subimos y ahí estaban los dos choferes y solo tres pasajeros. Y los otros? Llegaron todos 00:20, venían en el barquito del que nosotras nos habíamos bajado. Y después contaron que al no poder preguntar la hora de llegada -por no hablar el idioma-, no tuvieron otra opción que llegar tarde...

Alejandra, Marcela, Nydia y Mariana.

Marcela y yo.